Sin ganas de nada.

Un reset no hace daño.

Existen momentos en la vida en el que quieres estar en silencio, callado, callada, simplemente pensando en la nada. Cómo si buscaras una pausa en tu vida atareada.
Un reset completo.

Cómo se buscarás una calma después de haber estado en la tormenta.
Cuando llega ese momento hay que aprender a vivirlo porque es muy importante también hacer uso de la Calma y la soledad.
Este vacío irónicamente nos lleva frente a un mar inmenso de posibilidades, dejándonos parados frente a millones de puertas creándonos la pregunta de:
¿a cuál entrar?
Lo interesante es que la vida es pequeña, cuando estamos en este momento de vacío y de no querer hacer nada, es cuando nos parece inmensa. Y todo aquello que hemos logrado se queda en nada. En ese instante de nada no te sirven los cuadros que tienes colgados en tu pared por qué has conseguido graduarte, ni te sirven los títulos de los premios que has ganado, ni las medallas y los retos que has afrontado, porque en ese momento de vacío en el que no quieres hacer nada, no te importa el pasado, no importa nada de lo que hayas hecho antes.
Ni siquiera importa que varias personas están a tu lado porque a pesar de tanta gente te sigues sintiendo solo.

Y ahí estás, centrado en la habitación con el aire entrando, con la luz del sol desapareciendo y con la vida anclada, con tu corazón latiendo haciéndote ver que estas vivo, sintiéndote vivo y a la vez muerto, estar sin ganas de nada es como estar muerto en vida buscando resetearte para encender con mas fuerza.

Mi segundo camino.

El como me decidí a seguir las letras.

Hace nueve años tendría mi primer entrevista de trabajo, tenía la dirección anotada en un papel, tomé el bus y llegué a una calle llena de arboles y banquetas amplias. Caminé varias manzanas hasta que estaba fuera del edificio donde me esperaban, me tocó esperar casi una hora, los nervios estaban brotando de mi en forma de bostezos, aunque fueron en vano por que me terminaron contratando, (si supiéramos que las cosas serán de una manera tal vez no nos pondríamos tan nerviosos) y ahí pasé el primer año completo trabajando, mi comienzo en mi carrera como arquitecta.

A partir de ahí la vida laboral empezó a moverme de lugar en lugar, grandes ciudades y pequeños pueblitos se abrieron para recibirme, y me di cuenta que en particular me gustaban las ciudades tranquilas, aquellas donde puedes sentarte en algún parque a tomar un helado. Los nueve años pasaron llenos de experiencias que me ayudaron no solo a crecer profesionalmente si no también como persona, me hice mas fuerte emocionalmente, y esto no solo por lo que aprendí mientras desarrollé la carrera que había estudiado, si no por que paralelo a ello también estaban sucediendo cosas que me hacían aprender a ser mas fuerte para no caer ni quedarme en el fondo de mis problemas. Aun así, creo que muchos quisieran tener mi vida, ( no me tachen de egocéntrica ) pero realmente no saben lo que es estar en el cuerpo de Paulina, para que esta mujer haya llegado al día de hoy ha hecho cosas que podrían creerse imposibles, ha luchado contra el fuego de cara y aun sigue aquí, con vida, latiendo.

Nueve años después de aquella entrevista de trabajo, he vuelto a caminar por aquella misma calle de arboles y banquetas amplias, lo he sentido como un dejavú, como si de un error en el tiempo se tratase, estaba de nuevo caminando en esas mismas manzanas de hace nueve años, pero no para ir a ese edificio de arquitectura, si no para ir a un edificio de comunicaciones, si, el recuerdo de la chica que estaba nerviosa por aquella primera entrevista de trabajo se quedo bostezando cinco manzanas atrás de mis pasos, mi yo actual seguía caminando en busca de aquella dirección nueva, los nervios de horas antes extrañamente cesaron al sentir que ya había andado esas calles, en mi mente flotaba mi libro “Océanos de fuego” aquel del cual hablaría en aquel edificio de comunicaciones donde me esperaban en punto de las 6:30pm, y llegué, ahí estaba yo, esperando poder abrir la puerta de este segundo camino.

Entré al sitio, y todo pintaba de un color distinto, algunas personas ya estaban presentes para escuchar del tema que hablaría “El arte de transformar el dolor” bastante ambicioso por cierto, la entrevista comenzó y la transmisión llegó a quien tuvo el tiempo de abrir un enlace de facebook live (gracias a quienes lo vieron, por cierto) y escucharme hablar sobre mi camino en la literatura, aquel camino que había iniciado cuando era una niña tímida de ocho años que buscaba poder expresarse, Paulina del 2021 aun sigue siendo tímida pero mucho menos que antes, Paulina del hoy ama contar historias, pero sobre todo ama poder conectar con la gente por medio de ellas.

En aquel edificio hablé de “Océanos de fuego” mi segundo libro, el que está teniendo muy buena acogida, mi primer hilo en este segundo camino que me he decidió a andar, tengo que admitir que siento un poco de intriga sobre que será de este camino, si durará menos o mas que el anterior, o incluso me pregunto si durará el resto de mi vida, no lo se, pero mientras tanto debo decir que me encanta este momento de mi vida, aunque parece un sueño me siento bien, las lagrimas me visitan a menudo, pero también las alegrías, creo que las dos siempre tienen que vivir para que Paulina exista, está hecha del dolor y de todo el amor, esta lista para este camino, si.
Hoy estoy segura de andar este camino, descalza o con zapatos, da igual, voy a andar por el fuego sin quemarme los pies.

El temor

¿Defensa o enemigo?

Estos días he reflexionado sobre el miedo, muchas veces nos puede mantener en una caja encerrados sin hacer nada, como si de un hámster en su rueda se tratara, viviendo nuestras vidas en ciclo una y otra vez. El miedo nos puede mantener con los pies quietos y con cadenas atadas a la tierra, anclados en nuestra seguridad, en nuestro espacio quieto, respirando nuestra zona de confort.

El miedo puede ser nuestra defensa cuando nos protege de aquellos hechos catastróficos que pasan en nuestras mentes, sabemos que debemos caminar con cuidado en las calles por que tenemos miedo que un carro nos arroye, incluso un poco mas allá, escuchamos nuestras corazonadas para no hacer cosas que nos puedan poner vulnerables ante los otros, tal vez el hablar en público o invitar a alguien a salir.

¿Pero cual es el objetivo del miedo, cuidarnos o limitarnos?

Claro que cuando de cruzar la calle se trata, el miedo nos protege. No podemos cruzar la calle sin tener cuidado de voltear a ambos lados de la calle. Pero si está claro que invitar a salir a alguien no pone en riesgo tu vida, a menos que… (bueno no entraré en detalle) el punto es: A veces el miedo nos cuida, y otras nos limita.

Puede que estemos viviendo en una lucha constante contra aquello que queremos pero que nos prohibimos tener, limitándonos constantemente a ser quienes somos por ser quienes quieren que seamos. Lo interesante es que tu vida aquí en la tierra es tan pequeña como para preocuparte sobre lo que los otros piensen de ti, o si las cosas saldrán como quieres, apenas tienes tiempo de conocer parte del mundo, como para limitarte aun mas.

El miedo es aquello que tenemos dentro de nosotros y que nos cuida cuando nos sentimos en peligro, pero también se abraza de nuestra inseguridad haciéndonos pequeños y sin motivo para intentar romper los miedos. Siempre que tengo miedo recuerdo un libro que leí hace tiempo, “abraza tus mounstros” nos daba el pequeño gran consejo de imaginar a nuestro miedo como un mounstro, de la forma que quisieras, luego entonces tu elegías ser un animal fuerte que ahuyentara al pequeño mounstro, yo siempre elegí un tigre, y saltaba y gruñía sintiéndome grande, me funcionaba para desvanecer el miedo, sentía una descarga de esa energía densa que el miedo crea en nosotros y que nos limita.

¿Y tu, a que le tienes miedo?

El fluir.

De fluir o morir en el intento.

¿Confiar en que todo saldrá bien?


Todo humano vive días en aquellos que se ve atorado en “el fluir” de la vida, y es que no siempre todo va como queremos, nos hacemos expectativas que terminan haciéndonos daño. Nuestra mente nos juega con recuerdos y tenemos una incesante lucha entre el pasado y el futuro, creyendo que el presente simplemente es un día mas entre lo que anhelamos ser.

Es complejo poder entender que el fluir no es tan sencillo como parece, va mas allá de dejar que todo suceda, está muy lejos de solo confiar en que “todo saldrá bien”.
Creo que el fluir es disfrutar nuestro único día seguro en la tierra, el hoy. Y es que puedes morir mañana de la manera mas “estúpida” y todo tu futuro anhelado simplemente se quedará en una nube mental flotando a un lado de todas las ideas de la gente.

Hace unos días recién publiqué mi segundo libro ( “Océanos de fuego”, hoy les traigo spam ) y debo admitir que se me está complicando fluir, como autora auto-publicada el camino no es tan fácil, requiere mucho trabajo para dar a notar tu libro, pero también necesitamos un poco de suerte, y es que como dijera un amigo (JA) no hay fórmula exacta para hacer marketing. Pero aquí estoy, en el intento de fluir entre miles de escritores auto-publicados en un rio infinito de libros.

Y volviendo al tema central de la carta, para fluir creo que hay que tratar de llevarla ligero, y es que a veces cuando mas esfuerzo pones en algo pareciera como si tuviera un efecto contrario, como si lográramos solamente bloquear lo que sea que queremos que suceda.
¿Es como si ser apasionado estuviera en contra del fluir de la vida?
Pareciera que la intensidad a veces logra efecto contrario. Creo que son de esas cosas que nunca terminaré de entender, como la metáfora de la mariposa; no la puedes encerrar en tus manos ni dejarla libre por completo, por que, o se muere o se escapa.

Vivir en esta vida fluyendo sería entonces concentrarte en vivir el único día tangible que tienes, haciendo lo que esté en tus manos, disfrutando, y dejar de pensar si en los próximos días tangibles llegará a suceder lo que anhelas.


Has llegado al final de la carta, lo que está en mis manos hoy es hacerte llegar este Book Trailer.
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Envejecer.

De cuando los años guardan historias.

Es la primera vez que me veo en una foto y noto como los años han pasado en mí. Noto unas pequeñas arruguitas de patita de gallo a un costado de mis ojos. Veo eso y también como mi rostro se ve más amplio, con un aire un poco más maduro. He crecido.

¿Así que así es como se ve crecer?

Bueno, tal vez es por que estos últimos días he visto con mayor cercanía a dos personas de edad avanzada: mi abuela y mi tía abuela. Las he visto con los años encima, con los oídos apagados y la mente abandonada. Y he pensado en mi.

¿Llegaré en un momento a ser anciana de esa manera?

Cuando uno es niño y ve a los abuelos no lo siente de manera cercana, no vez incluso lo que podrían llegar a estar sufriendo, simplemente los vez como angeles que están ahí haciéndote sentir bien. Y así pasan los años hasta que te das cuenta que también tu envejeceras.

Y heme aqui, entre el pasado y el futuro, me he quedado vagando en la habitación, viendo al techo y pensando que probablemente hoy lo vea de una manera y en unos años sea de otra.

Me he reflejado en aquellas dos viejecillas, ellas ya no tienen fuerzas (literal) ya no pueden saltar ni caminar como antes, ni comer lo que quieran, y ni siquiera tienen papilas gustativas, y bueno, no oyen bien y lo que dicen lo hablan con una calma que te arrulla.

Podrán verse ancianas, podrán no poder caminar rápido, podrán quedarse dormidas pero lo que han vivido está marcado en sus pieles, en los huesos, en las memorias, en aquel abrazo que aún recuerdan como se siente aunque ya no recuerden lo vivido de la persona que se lo da. Se quedaron con todos los recuerdos grabados en el alma. Las historias están en aquellos tiempos en que fueron vividas, llevan grabado un casete de recuerdos aunque ya no sean consientes de ellos.

Y si, tengo que admitir que tengo miedo de llegar a esa edad, pero aquí estoy en el camino a ello, con el cuerpo listo para grabar memorias…

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